Pum.

Qué pena que yo sea yo y tú seas tú y que el mundo que tengamos sea este, el real, y no el imaginado. No el mundo de película en el que siendo yo yo, y siendo tú tú, tarde o temprano acabaríamos dándonos cuenta de que somos mejores dentro de un conjunto.

La imagino, la película, en blanco y negro primero. Con desvaído color después, como esas películas pintadas a mano que anunciaban progreso, igual que nuestro primer beso. El imaginario, digo, que el real lo que anunció fue solo miedo a desbocarnos (y a soltarnos de la boca).

Qué pena que solo lo imagino. El comienzo sería ahora, en un momento como este, algunos meses después de todo en los que nos habría dado tiempo a reflexionar, a echarnos de menos y a rehacer nuestras vidas con un cuarto de decisión, un cuarto de nostalgia, un cuarto de esperanza y un cuarto de perdón.

Sería justo ahora. Te escribiría esa nota, la que llevo soñando despierta desde ayer. La que ha asaltado de repente mi conciencia. La escribiría silenciosa, bajo la luz blanquecina de los fluorescentes de la cocina. La doblaría solo una vez para que no te costara mucho llegar a las palabras, pues siempre fui buena y considerada contigo.

183ea6f773710502c42d2d5171fb9cdc

La metería en mi mochila gris y perdería el primer autobús de camino a ti. Cogería el segundo, bajaría en la parada en la que nunca bajé porque sabría que aún estudias ahí y que el portero te conoce (y es que nadie que se te cruza puede no quererte conocer). Le diría hola, y sentiría la extrañeza en su mirada al alargarle mi mano y la nota. Tu nota, ya nada mía, ya toda tuya.

Me alejaría, sintiendo las palabras flotar en un lugar al que ya me sería imposible regresar. Descargada y arrepentida también. Huyendo de mí misma en el mismo autobús que tú verías, un par de minutos más tarde, pasar junto a tu ventana. Tu yo de antes de leer la nota, tan inocente y despreocupado. Tan ileso todavía.

Y entonces, pum. Una rueda pinchada. Un autobús parado. Varado. Y entonces, pum. Una sacudida en tu estómago, en tus ganas, en tus sentimientos aletargados.

dbfc6d8c51bf5a56de45f6200509b93c

Dos golpes. Certeros. Acompasados. Y así sería, justo así, como saldrías del edificio, desorientado y curioso, tenso y de repente enamorado. Y correrías, y me alcanzarías, y me dirías que ese día cuando dijiste que no, quisiste decir sí. Me susurrarías, como casi puedo escuchar que me susurras, que las películas son para soñarlas y las vidas para vivirlas. Que siendo yo y siendo tú en este mundo real e inimaginado, podemos ser algo más grande que un conjunto.

Qué pena que todo eso, tú, yo, el autobús, la nota, el portero y la rueda pinchada sean humo en mi cabeza. Menos mal que al ser todo humo, volátil y escurridizo, todavía puedo soñar con alcanzarlo algún día.

ce7e02f1ab789a2d9370cc9d4ed19b42

Anuncios

8 respuestas a “Pum.

  1. Precioso! Tenemos que dejarnos de miedos y cumplir esos sueños para que dejen de ser humo.

    Me encantan tus relatos, siempre emocionan ❤

Deja unas palabritas

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s