Amor se escribe con Vida

Siempre creí que cuando por fin encontrara eso que toda persona que no tiene busca, me dedicaría en cuerpo y alma a escribirlo, a contarlo, a recrearme en mil palabras que trataran de explicar cómo, por qué, cuándo. Porque sí, porque eso es lo que hago cuando una emoción, una persona o cualquier cosa me llama a la puerta: lo pongo por escrito para explicármelo a mí misma, para entenderlo, para que todo el mundo entienda que si no lo he convertido en letras, es que todavía no ha sucedido del todo para mí.

Así lo hice antes, con cada camino al que llamé amor. Intenté encontrarme en cada uno de esos momentáneos destinos anclándome a mi libreta y a mi boli mordisqueado. Necesitaba expresarlo para comprenderlo, para curar las heridas y apagar los incendios.

Ahora todo es distinto. El destino al que llevaban todos los otros caminos ya me ha encontrado, o yo a él. Nos hemos mirado y nos hemos elegido, y así estamos, mientras la vida nos canta a cada paso que el amor verdadero no se cuenta, no se escribe: se vive.

Quizá sea verdad y la insatisfacción que me embarga cuando intento y no consigo plasmar en letras lo que siento al haber hallado lo que muchos persiguen y nunca encuentran. no sea una cuestión de falta de inspiración, sino la buena señal que indica que, efectivamente, hay cosas que ni el mejor escritor puede plasmar.

Yo… yo lo intento y no lo consigo. Trato de describir el amor más puro, genuino, sincero y enorme que jamás he sentido y creo, sé. que me quedo corta, que leyendo estas líneas apenas puede uno llegar a hacerse una idea de la verdadera intensidad de este amor. Este amor que es el continente de mis sueños, lo que me empuja a progresar, el intermedio de mi rutina, mi absoluto oasis de paz. Es mi alegría y mi locura, la sensación de volar, es la suerte más grande del mundo y yo… yo solo quiero escuchar, mirar, tocar… Absorber toda esa vida con mi cuerpo y mi conciencia, guardarlo todo dentro, en un alma que jamás tuvo tanto sentido como ahora que está tan mezclada con otra.

No quiero contarlo, no quiero escribirlo, y aunque quisiera no podría conseguir la verdad que siempre persigo cuando pongo una palabra detrás de otra. Y es que sí, es así, cuando encuentras eso que todo el mundo se merece, eso de lo que todos hablan, esa hermosura que te emociona, te desborda y centra tu gravedad, entonces no hay nada que quieras escribir, ni siquiera cuando escribir es el idioma que te define.

Y esta es la explicación de por qué no me salen los poemas que querría que me salieran, de por qué mi nuevo final redondo son sus ojos en mis ojos y mi metáfora favorita su mano de nube en el cielo de mi cintura. Por eso no le escribo cada día, porque cuanto más le quiero menos necesito saber por qué, cómo, cuándo. Menos necesito explicarlo y más vivirlo. Porque este amor que siento no entiende de palabras ni de letras: es el sitio donde vivo, donde crezco, donde me siento feliz. Es la historia que jamás querré ver escrita en otro sitio que no sean nuestros hijos. Es un lugar, un sentimiento, una experiencia y una persona.

Tú.

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