Segunda escena y final

JUNIO. ESCENA PRIMERA.

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Aquel día de verano fue uno de los últimos, o de los primeros, según se vea. No pasó nada en concreto. De hecho, no hubo pelea ni nada hiriente que me señalara el camino a seguir. El camino yo lo tenía claro casi desde el principio, pero no sé por qué (bueno, ahora sí lo sé) algo dentro de mí decidió perderse premeditadamente en un mar de dudas, de posibilidades remotas, de señales confusas y de cosas que podían arreglarse milagrosamente. Y me perdí, vaya sí me perdí. Me perdí tanto que aquel día de fines y principios, al mirarme al espejo tras salir de la ducha más triste de mi vida, no supe cómo encontrarme.

Aunque no lo pareciera, esa era yo. Ojerosa y triste. Triste, tristísima. Rota, rotísima.

Sabía lo que había pasado. Era consciente de las discusiones, de que él nunca me había merecido, de que no me había tratado bien, de que mis seres queridos siempre habían tenido razón (y también mi gato, que siempre le bufó). Era consciente y siempre lo fui, lo juro, porque puede que la tormenta me cerrara los ojos, pero nunca el corazón. Y lo sabía, sabía que me lo estaba destrozando cada día extra con que alargamos el adiós. Pero aun así, si la versión inicial de mí misma, antes de él, antes de que empezara a diluviar, hubiera podido ver la imagen que me devolvió el espejo aquel día, no se lo hubiera creído, primero, y se hubiera avergonzado, después. Ese pensamiento me hizo llorar tanto, tantísimo, que me pasé una semana sin poder hacer otra cosa. Lloraba, lloraba, lloraba. Llovía, llovía, llovía.  Y, a veces, leía.

JULIO. ESCENA SEGUNDA.

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Llevo toda la vida pensando en qué le diría aquí, sobre el papel, una vez le encontrase, y ahora siento que cualquier cosa que salga de mi interior será imprecisa, insuficiente, una sombra de lo que siento en realidad.

Amor. Qué improbable. Qué milagro. Encontrarse con un desconocido y descubrir de bruces que tú ves lo mismo en él que él en ti. Un alma gemela, un compañero de todo, una luz a mitad camino, un algo donde agarrarse y un quién con el que desafiar al miedo.

Ha pasado. El milagro, digo. Ha sucedido. Me ha sucedido a mí. La que siempre tuvo mala suerte, o eso creía yo. Ahora creo que todos mis tropiezos fueron premeditados. Una preparación, un camino para llegar hasta aquí, luego no puedo más que agradecer a cada piedra que me hizo caer. Gracias por llevarme hasta él. Por hacerme saber lo que quiero y lo que no. Porque desde que le vi ya solo le quiero a él.

Porque en esos preciosos ojos podría quedarme a vivir. Y en sus besos… En uno de sus besos querría morir dentro de muchos años, si pudiera elegir el cómo y el cuándo. Sus manos me encienden, me consuelan, me aferran con la misma fuerza con la que yo nunca le dejaré caer. Su pelo… me encanta acariciarlo y sentirle un poco niño, con la mirada encendida y esa sonrisa por la que podría manifestarme. Si algún día se perdiera esa sonrisa, en serio, yo saldría a la calle a protestar para ver qué o quién se la ha robado y qué he de hacer para que la pueda recuperar.

Él es mi milagro, de eso no hay duda. Es precioso enteramente. A su lado yo soy la mejor yo que he conocido. Tan segura, tan valiente, tan feliz y sonriente. Me encanta abrazarle cuando duerme, acariciarle la cara como si cada vez que lo hiciera pudiera vivir un año más a su lado. Me encanta quererle y que me quiera. Me encanta cuando me engulle el cuerpo y el alma.

Le quiero. Le quiero tanto como nunca pensé que podría. Después de todo, no es fácil creer que nacerá vida de un corazón devastado. Pero me curé a tiempo, justo a tiempo para conocerle. Y él llegó a mí tan feliz, tranquilo, hermoso por todas partes, y regó esas flores que ya asomaban. Y las hizo crecer. Y hay que ver qué jardín tan bonito tenemos ahora.

Le quiero siempre, todo el siempre que alcanzo con mi existencia. Quiero cuidarle y acompañarle en todo. Quiero compartir la vida entera con él y que siempre seamos tan felices como ahora, construyendo el tiempo, trayendo cada día amor a este mundo.

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3 respuestas a “Segunda escena y final

  1. Debo confesar que al leer esto me he llevado una gran decepción. No me lo esperaba, de verdad que no me lo esperaba… ¡Tienes gato! Con lo mal que me caen.
    Besos
    Fer

  2. ¡Qué preciosidad! Ha sido todo un placer regresar y ver lo bien que sigues tejiendo tintas, sin duda cada vez que paso por aquí estoy segura de que eres de lo mejorcito en blogs. He leído también tu entrada anterior y me gustaría preguntarte si aún estoy a tiempo de votar por ti en la lista de blogs de 20 minutos. Sigue escribiendo porque, amiga, te superas cada día.
    ¡Un gran abrazo, guapa! 😉

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