Valer (la pena)

valer la pena algo o alguien

1. loc. verb. Ser interesante o importante o merecer el trabajo que cuesta.


Dicen que para decidir si seguir manteniendo una situación o acabar con ella hay que fijarse en si te compensa.

“Pero a ver, ¿te vale la pena? Si pones en una balanza lo bueno y lo malo, ¿qué gana?”

Cuántas veces hemos escuchado una frase parecida. Casi tantas como la hemos pronunciado. Valer la pena. Suena un poco ridículo si lo piensas. ¿Por qué no puede haber cosas buenas a secas? ¿Por qué no un mundo de alegrías sin “peros” aguafiestas? ¿Por qué hay que pagar una especie de peaje cósmico para disfrutar de lo bueno? Nadie tiene las respuestas, pero lo cierto es que es así. Quizás sea algo simplemente casual, arbitrario. Hay días con sol y días con lluvia y, de igual manera, hay cosas maravillosas y grandes putadas.

No sé, yo creo que es esa psicología de la lucha que las personas le aplicamos a la vida la que hace que lo veamos de esta forma. Confrontamos lo bueno con lo malo tratándolo por igual. Como si lo malo fuese igual de aceptable que lo bueno. Y en base a eso decidimos por dónde tirar. Pero no debería ser así.

Claro que hay cosas buenas y otras no tan buenas, y claro que hay momentos en que hay que tirar mano de balanzas para recordarnos lo que de verdad importa: que el sol brilla con fuerza detrás de las nubes. Pero cuando esa balanza se convierte en compañera diaria, entonces es que algo anda mal. Cuando nos pasamos el día sopesando, valorando, aguantando, entonces es que algo no anda bien. Entonces es que ya no hay lucha: hay un ganador y, sí, me temo que es el que sospechas.

Y entonces, un día, te das cuenta de que esa persona o situación no valía ninguna pena. Que si dejas que las penas se las lleve el huracán algún día el viento te traerá cosas que valgan toda la alegría del mundo. Y dejarás de usar balanzas para medir la felicidad porque esta pesará mucho más de lo que la balanza más grande del mundo puede soportar. Muchísimo más que las penas que algún día creíste que valían para algo. Pero no. La única verdad es que cuando dices que alguien o algo te vale la pena estás aceptando mitades, resignando tu felicidad a un protagonismo compartido. Y no tienes por qué quedarte con eso.

Tienes que quedarte con la felicidad como protagonista absoluta, entendiendo que la felicidad también tiene días de tormenta, aunque nos hayan enseñado lo contrario para que la veamos como un oasis inalcanzable y no luchemos por ella. La felicidad a veces no brilla tanto, porque la vida no es una película, la vida es real y lo real a veces es gris. Pero sigue siendo felicidad. Si dudas de ella, si ya no la sientes, si “te vale la pena” seguir aguantando, quizás no lo estés pensando bien del todo.

Quizás tengas que salir de la pena y buscar otro horizonte más sencillo en el que solo pronuncies esas palabras para referirte al pasado. “Valieron la pena todas las guerras para llegar a esta paz, pero ya nunca me valdrá otra cosa que no sea ser feliz”. 

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Valió (la pena) naufragar si era para acabar atracando en ti. Te quiero.

 

 

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