La nada increíble historia sin final de Pruden y Julia

Érase una vez dos tontas muy tontas. Dicen que los polos opuestos se atraen, pero ellas se atraían exactamente por lo contrario. Como buenas amigas, preferían decirse la una a la una (y también a sí mismas) que lo suyo no era idiotez, sino bondad. “Somos demasiado buenas”, decían.

Podría optar por contaros la historia de este par de idiotas desde el principio, como es costumbre según las reglas universales de la literatura. Podría explicaros la de príncipes no azules que se cruzaron en sus vidas, la de ranas y sapos verdes, gordos y babosos que pisaron. Las lágrimas que no se ahorraron. Los acelerones, los frenazos, los derrapes y todas las veces que acabaron con el corazón en alguna cuneta. Las horas de consuelo la una a la otra.

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Pero he decidido que empezaré -y terminaré- este cuento por el final. Y en el final de la historia de vamos a llamarla… Pruden y vamos a llamarla… Julia, no hay perdices. Si acaso pollo reseco en cantidades industriales. No hay príncipes ni azules ni de ningún otro color. Pero, descuidad, no es este un cuento de despecho ni de princesas convertidas en malvadas brujas de gélido corazón. Después de empacharse de ranas y pollo, Pruden y Julia, Julia y Pruden, siguieron creyendo en algo, aunque a veces no sabían muy bien en qué. Se declararon oficialmente agnósticas respecto al amor, y adoptaron respecto a él una postura similar a la que tenían sobre los extraterrestres. “Algo debe de haber ahí fuera”.

Vale, os he mentido. Esta historia no tiene final. Después de todo, el final no existe. Las buenas historias son circulares y sólo terminan subjetivamente, cuando uno se cansa de leer. Ellas nunca lo harán porque son grandes lectoras. Se leen la una a la otra, y así, en los temores, las luces y las sombras de cada una, encuentran respuesta a sus propios interrogantes.

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Sí, ese me parece un buen no final para su historia. Dos tontas muy tontas listas despejando incógnitas, olvidando porqués y riendo al ritmo del acelerón más importante de sus vidas. Hasta ahora. Porque, afortunadamente, una buena historia siempre termina con un…

Continuará…

PD. Este post es pura ficción. Cualquiera parecido con personas reales, vivas o muertas, es pura coincidencia.

PD2: Pruden, no he podido evitar el tachón. ❤

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8 respuestas a “La nada increíble historia sin final de Pruden y Julia

  1. Me encanta, dos buenas amigas que van escribiendo su propia historia, sin ponerle punto final, sino una coma detrás de otra y muchos puntos y seguido. Había intuido que la señorita de los jueves era una de las susodichas, y me alegra ver que así era.

    ¡Un besazo! Y a seguir dándonos historias como estas 😉
    Patri.

  2. jajajajajaja muy mal me parece eso de mentir eh!!! y encima en la post data… 🙂

    Lo bueno de que esas dos Zipi y Zape (que no tenemos ni idea de quiénes son) se lean, se busquen, se escriban… es que los demás, que estamos aquí agazapados, tenemos nuestros ratitos de felicidad a este lado de la pantalla.
    Beso

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