Te quieros sin voz

Sábado noche. Sueño enquistado en la frente después de una sobremesa larga. Cine, palomitas en cantidades industriales y algún que otro “¿nos metemos a ver esta o la otra?”. Al final ganó el dramón, que resultó no serlo del todo. Guerra y amor. El amor siempre es una guerra (en la que al final siempre gana la paz). Después del fundido a negro me quedé pensando que la protagonista tenía razón. No hace falta hablar de amor para amar tanto como uno apenas pueda soportar.

Me quedé pensando si no lo echarán todo a perder los “te quiero”. Si no será del todo absurdo intentar etiquetar (¡y además con tan sólo dos palabras!) algo tan vasto, tan complejo por inasible, como el amor. Sí, creo que yo, defensora de las palabras donde las haya, he empezado a dudar de ellas cuando se trata de amor.

De amor es inútil hablar. ¿Qué puede uno decir que no resulte innecesario e insuficiente? “Pero es que todos necesitamos que nos digan que nos quieren”. ¿Y si estamos todos equivocados? ¿Y si buscar al amor en un te quiero es como encargarle a nuestro reflejo en un espejo que viva por nosotros?

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No lo sé. A los protagonistas de la película, los te quieros no les hicieron falta, ni siquiera una vida en común, ni hijos, ni fotografías sobre la chimenea, ni picnics al atardecer, ni una boda. Ni la vida. A ellos les bastó un momento. Quizá tres o cuatro, pero sobre todo uno. Una mirada, dos pares de ojos encontrándose en el pozo oscuro de un alma ajena. Perdonándose sin haberse hecho daño. Desterrando el odio sin haberse odiado nunca. Dejándose ser y amándose. Guardándose para siempre el recuerdo de tres besos que sumados, no superaron un puñado de segundos, a lo sumo. Fue suficiente. ¿Puede serlo?

Me lo pregunté mientras me sacudía los restos de maíz de la camiseta y del zapato. Mientras devoraba un trozo de pizza. Mientras me subía al autobús. Mientras me metía en la cama y me quedaba dormida. ¿Puede tener uno suficiente amor para toda la vida sin tener una vida entera de amor? Si el amor fuera algo alcanzable, algo que puede tocarse y conseguirse, ¿puede estar alguien más cerca de él que cualquier otro sin ni siquiera haberlo expresado en voz alta? ¿Necesita el amor un “te quiero” para existir?

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Ella, la creadora de esos personajes de ficción, sin duda pensaba que no. Quizá estaba tan segura porque fue ella la que se enamoró de un soldado nazi. O, mejor aún, quizá confiaba tanto en el amor que creía que eso, a pesar de todo, podría pasarle a ella o a cualquier otra como ella. Ella, sin quererlo, hizo que su nombre pasara a la historia, e igual que el de otros fue la valentía, su legado fue precisamente ese, el amor. El amor por las letras y el amor a secas.

El amor no entiende de guerras (externas). Para el amor, esa guerra no existe. Puede florecer y así lo hizo -hay tantos y tantos ejemplos de ello-,en medio de la más absoluta barbarie. Piénsalo un momento. Piénsalo de verdad. No hay idea más reconfortante, más reconciliadora con todo, que esa.

Otra vez no sé. Quizá fuera el tapón de palomitas en mi estómago, la humedad repentina al salir a la calle mojada o los susurros tímidos de la adolescente que algún día fui y que todavía vive dentro de mí, esa que no se ha emparejado, que nunca ha besado ni ha dicho “te quiero”. Esa que sabe mejor que yo lo que es amar.

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No sé lo que fue, pero justo antes de quedarme dormida supe que el amor no es otra cosa que el mecanismo adaptativo de la especie humana y que gracias a él no nos hemos extinguido. Ni lo haremos mientras nos quede un escritor, un compositor, un enamorado de algo o de alguien que no necesite hablar. Mientras quede una sola persona que sin saber lo que hace, encapsule el amor en una nota, en una línea… o en una mirada sin voz.

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3 respuestas a “Te quieros sin voz

  1. Tengo un primo que era el típico niño que nunca sabías por dónde iba a salir. En cierto modo creo que yo aprendí de él. El mismo niño que a mí me llamaba tío Fer y a mi hermana prima Maca, y que cuando mi hermana le trató de explicar que los dos somos sus primos, él, muy serio, le dijo “es que Fer me cae mejor y le he ascendido”.

    Pues ese niño un día me preguntó que cómo sabía si estaba enamorado. Y yo siempre he sido de responder de forma seria a preguntas serias. Y ésta lo era. Si los niños preguntan es porque no saben, y si te ríes de ellos no van a aprender… Yo le respondí que se sabe porque cuando ves a esa persona sientes un pellizco en el estómago. A los pocos días me dijo “tío Fer (ya sabes, ascenso) estoy enamorado, pero no sé de quíén… y encima voy mucho al baño… El amor duele”. Mi primo lo que tenía era gastroenteritis… cosas de niños.
    Besos
    Fer

    1. he tenido que leer tu comentario tres veces (y mi post una vez más) para entender la relación entre lo que me cuentas y lo que he escrito jajaja. Pero ya, ya lo tengo. Debe de ser que estoy algo espesa después de trabajar. Un crack tu primo, tenemos tanto que aprender de los niños.. Un abrazo!

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