Lo que queda alrededor

Creemos que somos más iguales que diferentes. Probablemente lo somos. No sé. Yo pienso que sí y que no de manera intermitente. Porque hay que ver qué subjetivas son algunas cosas en la vida y qué extraño es a veces intentar entender lo que sale de otra mente, de otro cuerpo, de otra vida distinta con sus distintas decepciones, victorias y preguntas respondidas y sin responder. 

Sí, ahora mismo estoy pensando que qué subjetivo es todo. Que qué diferente puede ser un trayecto en autobús para quien escucha a Vetusta mientras habla por Whatsapp o para quien mira por la ventana mientras se observa por dentro. Yo he probado las dos cosas esta semana, y la verdad es que cada una de las veces me he sentido un poco distinta y un poco igual.

Y entonces, hoy, he visto algo. He visto a alguien que no miraba ni por la ventana ni a la pantalla de un móvil. No se miraba hacia dentro tampoco. Lo miraba todo a su alrededor. Miraba hacia fuera. ¿Os acordáis cuando hacíamos eso en cada semáforo, en cada sala de espera, en cada cola del supermercado?

8e448b91736f098f757493ac1b472325

En un minuto que he cronometrado mentalmente, he visto al observador de ojos azules, bigote pajizo y oronda anatomía observando a la pasajera que se sentaba a su lado, el martillo rompe-cristales-en-caso-de-incendio, el mecanismo de abertura y cerrado de las puertas, el suelo, el techo y, por último, las zapatillas verdes de la chica que se sentaba delante de él.

Me he quedado pensando que quizás todavía queda gente en otros autobuses de esta ciudad y otras ciudades de otros países, que ni miran por la ventana ni a su teléfono, y por un momento he querido ser uno de ellos y, simplemente, lo he sido.

He mirado al hombre que lo miraba todo y me he preguntado si le gustaría la canción que sonaba en mi Spotify en ese instante y si opinaría, como yo, que rima mejor que ninguna con el ritmo de la ciudad a primera hora de la mañana.

Luego he estado observando a una chica cuyos ojos devoraban su teléfono móvil, que descansaba (en apariencia) despreocupadamente sobre su regazo. Me he puesto a pensar qué respuesta estaría esperando y si ésta tendría algo que ver con las uñas a ras de dedo de sus manos y con su expresión de sonrisas agotadas. 

foto mujer cafetería

Entonces, una moto estruendosa ha pasado tan cerca de mi ventana que he querido girarme a mirar, pero en lugar de eso he mirado a mi compañero de asiento, que a su vez ha buscado mis ojos y me ha lanzado un “qué susto” silencioso. Después ha vuelto a enfrascarse en su libro. Creo que a diferencia del hombre barrigudo, él no se ha fijado en mis zapatillas verdes.

He seguido observando a las personas que me rodeaban un buen rato y me he convencido de que somos mitad idénticos y mitad opuestos (respecto a los demás y respecto a nosotros mismos). Cada uno con nuestras ideas, nuestros fracasos-cicatrices, nuestras zapatillas y nuestra costumbre de mirar hacia delante o hacia atrás, pero pocas veces de mirar a nuestro alrededor. Cada uno con las mismas cosas diferentes, que a unos les pesan más y otros menos.

Al final, creo, lo único que tenemos en común es que pensamos, pero es que eso lo es todo. Pensamos en querer, en soñar, en conseguir, en despertar. A veces lo hacemos. Otras, dejamos que la mirada se nos pierda detrás de alguna ventana o pantalla.

pareja abrazándose

Pero cuando miramos de verdad a un lado y a otro, viendo y sonriendo, aceptando, paladeando el momento, nos sentimos vivos y tranquilos en un mundo que siempre nos corre prisa. Es sólo un instante de paz, una ráfaga de verdad que es muy fácil volver a perder entre la mentira de la moda de lo cartón piedra. Y hay días, la mayoría, que una siente que no hay nada que pueda hacer contra eso.

Otros días, como hoy, una decide aferrarse a ese segundo. A una mirada ajena verdadera. A un suspiro cargado de cosas que suena cerca. A todo lo que está fuera pero resuena dentro.  A la vida, vamos, a veces una sólo puede decidir aferrarse a la vida. 

 

Anuncios

7 respuestas a “Lo que queda alrededor

  1. Soy de las que van en tren y solo observo a la gente que hay en el. Les veo las caras e intento imginar sus preocupaciones o de donde vienen o van. A veces, escucho lo que hablan aquellos que van acompañados y no puedo evitar sonreir porque me siento identificada con lo que dicen. Tengo miles de anécdotas y me encantan, porque salgo de alli sola pero teniendo algo que contar.
    Gran entrada!

Deja unas palabritas

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s