La lectura de tu vida

Quizás soy yo, que paso demasiado tiempo entre letras, escribiéndolas sobre papel o aire, en libretas o en mi mente. Será que ya no distingo (no quiero distinguir) lo imaginario de lo real, la rutina de la literatura, lo anodino de lo mágico. Puede que últimamente me gusten más que nunca los antagonismos, o que lo que más me guste sea acortar las distancias entre ellos.

El caso es que igual que aquel niño de película veía muertos, yo veo verbos, adjetivos, adverbios. Veo comas y puntos suspensivos, e incluso dramáticos puntos finales.

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Y así, viendo todo eso, susurrando historias para mí misma, absorbiendo gasolina que convertir en tinta cada día, creo inevitablemente que hay personas que solo pueden ser acción. Comienzo, cambio, desenlace. Son aquellos que nunca se quedan, que parecen volar de un lugar a otro constantemente, aun estando quietos, muy quietos.

Otras, son pura descripción. No puedes mirarlas sin contemplarlas, sin que te cuenten cómo son o cómo querrían ser. Podría decirse hasta que tienen color propio. ¿Quién no tiene a un color rosa en su vida? ¿Y a un azul? La gente azul es mi favorita.

Luego están los que te enseñan el cómo, el porqué, el dónde. Son aquellas personas de las que más puede uno aprender, y aunque es cierto que sus enseñanzas son a veces dolorosas, un mundo sin gente adverbio estaría condenado a la inutilidad.

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Y después estamos todos. Los humanos. Esos animales condenados a hacer convivir conciencia y visceralidad, impulso y raciocinio. Qué misión tam cruel y excitante. Todos nosotros somos todas las cosas. Verbos, adverbios, adjetivos. A veces depende de quién nos acompaña, por delante, por detrás o al lado. O de lo que nos depara el futuro, si una breve coma, un certero punto o un signo de interrogación que cierra pregunta pero no da respuesta.

Porque uno nunca sabe si detrás de un punto hay una continuación o un final, si prefiere acompañar y definir o marcar la acción. Y es imposible saber quién estará para siempre en tu frase o quién desaparecerá tras una última gota de tinta.

De lo que no hay duda, y ahí está la gracia, es de que todos juntos formamos párrafos, capítulos, partes. De que todos somos un trocito del mismo libro, uno que vale mucho la pena leer. Letra a letra, con más pausa que prisa, entendiendo, saboreando. Desbocándonos a veces, cediendo al ansia por saber qué pasará unas lineas más allá. Parando a releer las partes que más nos gustaron y doblando esquinas en cada beso, en cada nacimiento y, por qué no, también en cada adiós.

Sea como sea, seas lo que seas y sea lo que sea lo que te queda por ser, no te olvides de leer la vida. No te saltes ni una palabra: puede que de ella dependa el significado de tu libro. Quizás la necesites para que tu final sea el mejor final de la historia de los finales felices.

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6 respuestas a “La lectura de tu vida

  1. Sencillamente genial! Un post perfecto. Una vez más poniendo el listón altísimo y haciéndome disfrutar como un niño. Sigue así y no dejes nunca de sorprendernos del modo en que lo haces.

    Me haría especial ilusión que te pasases por mi blog y dejases un comentario 🙂

    http://viveynosobrevivas.blogspot.com.es/

    Un fuerte abrazo!

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