Despedida

No soportaba la idea de una despedida, pero cuando se forzaba a imaginarla en sus días más masoquistas y raros, la suponía lenta y dramática, como siempre había sido todo entre ellos.

Igual que su coincidir, pero en sentido inverso, su despedida sería como un tren saliendo poco a poco de una estación. Renqueante aunque decidido primero, ignorando imposiblemente su destino. Después cogería cada vez más velocidad, dejando atrás imágenes borrosas que pronto olvidarían haber sido cosas para aceptar su nueva condición de recuerdos. Cercanos, pero ya del todo volátiles.

Se marcharía, su despedida, como un tren que cada vez causa menos ruido, lanzando al cielo bocanadas de humo o de olvido. En tierra quedaría solo lo que se quedaba: ella, viendo a su tren partir y dejar de ser suyo. Sintiéndose triste pero inconteniblemente aliviada al contemplar el espectáculo de libertad de aquel o aquello que se marcha a otro lugar por su propia voluntad.

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