Cuando un río te da la mano

Tuve que congelarme para poder saber qué es el sol.

Tuve que naufragar para aprender a volar sobre el mar.

Tuve que derrumbarme para querer levantarme y volver a amar.

Tuve que ser tormenta para desaparecer en tu claridad.

Tuve que derramarme para apreciar tus manos de sal.

Tuve que detestarme para volverme amar.

Tuve que tropezarme para enseñarme a andar.

Tuve que odiar los besos para no poder dejarte de besar.

Tuve que deshacerme para reencarnarme en tu entera mitad.

Tuve que ser deriva para poderte abrazar al llegar.

Tuve que despertarme para seguir despierta y soñar.

Tuve que perderme para encontrarte al final.

Tuve que llorar miedo para ser valiente y saltar.

Tuve que desenredarme y ser feliz en tu suavidad.

Tuve que estancarme y en tus brazos desembocar.

Tuve, y ahora que tengo, por fin somos ríos y nuestra vida el mar.

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2 respuestas a “Cuando un río te da la mano

  1. Qué preciosidad de post, Tejetintas! Me alegro de que un río te haya dado la mano, no hay nada más bello que eso y tú has logrado explicarlo de maravilla.
    ¡Un abrazo! ♡

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