De Badoo al cielo

Entonces yo era un desastre. Vivía deprisa y pensaba despacio (horrible combinación abocada al fracaso). Sí, era un desastre en casi todo, y en el amor también. Me enamoraba una de cada cien veces, y la vez número 100 siempre era la número 99 de algún otro desastre con patas que casi nunca se enamoraba, y por supuesto, menos aún de mí.

“Soy un desastre”. Eso solía pensar.

Hasta que un día, el día menos esperado de la historia de los días, el caos quiso sonreírme y nos hicimos amigos. Ese día, el día, empecé a vivir despacio justo después de pensar muy deprisa. Porque lo primero que sacudió mi mente al ver tu foto en aquel escueto perfil de Badoo, fue que podrías ser tú lo que tanto tiempo había andado buscando.

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Podrías ser tú el que me mirara a los ojos en una próxima cita precipitada y se quedara con ellos para siempre. O podrías ser el que hablara conmigo durante semanas para acabar robándome un beso que te hubiera regalado igualmente en la puerta de la estación. Podrías ser cualquier versión de las que rondaban mis pensamientos. Podrías ser cualquiera y a pesar de todo, no sé por qué razón, desde el primer “hola” deseé con todas mis fuerzas que fueras tú.

Desde el primer “¿qué tal?” continué pensando a toda velocidad. Tu ritmo era más lento, pero yo pronto tuve claro que eras mi aguja en un pajar de 360 millones de perfiles, de fotos, de descripciones más o menos ingeniosas. De intentos, de extraños. Badoo. La aplicación de citas más grande del mundo. Me la descargué una tarde de domingo de palomitas, chocolate y Netflix. Lo sentí como un impulso. Como si la magia me susurrara al oído: “¡ahora!”. Y, entonces, tú. La pieza restante en mi puzzle. ¿Mi vez número 100?

Las dudas las deshicimos a golpe de tecla, de emoticonos con significados ocultos que solo nosotros entendíamos. De fotos intercambiadas que, sin saberlo, eran lo primero y lo último que los dos mirábamos en el día. Ya ves. Deshicimos todos los interrogantes, y cuando decidimos quedar en la ciudad y acabamos pasando del japonés para cenar helado y vino de cartón en las escaleras de aquella catedral, ya no quedaba ni una sola pregunta sin responder. Sí. Quería decirte a todas que sí, y que ese “sí” significara que de Badoo podíamos llegar al cielo, y que en ese cielo querría seguir conociéndote aunque volvieras a ser un extraño cada vez que saliese el sol.

Porque sí, a esas alturas pensaba más rápido que nunca que podrías ser tú el que me robara la sábana dormido y me la devolviera despierto para que no cogiera frío. Que podrías ser tú el que me mirara absorto mientras yo hiciera alguna tontería. Que podrías ser tú el caos que ordenara mi desastre.

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Y sí, mágica, extraña y lentamente, terminaste siendo tú. Fuiste tú quien me arropó ese invierno, me llenó de flores la siguiente primavera, me acarició como una brisa en verano y me abrazó con la fuerza de mil tormentas en otoño.

Fuiste y sigues siendo tú el que sabe que cuando me retuerzo un mechón de pelo significa que estoy muy nerviosa, y que aunque diga que sí, a veces quiero decir que no. Eres tú el que lee frases en mi frente y me da justo lo que necesito en cada instante. Eres tú la aventura que mantiene mi felicidad. Mis sueños cumplidos. Mi algo y mi todo.

Eres la primera imagen que tengo de ti, sonriéndome desde tu foto de perfil en la pantalla con filtro de luz azul de mi móvil, y también la última, aquí dormido a mi lado. Eres eso, la prueba de que los “podría ser” a veces pasan de conjeturas y se convierten en realidad.

Eres la demostración de que si lo buscas, si lo esperas, si crees en él, el amor siempre responde.

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Ha sido un placer colaborar con Badoo en este post. Cualquier granito de arena que contribuya a que la gente crea en el amor, es poco. Esta tejedora de palabras, que casi siempre le escribe a él, al amor, cree firmemente que el que busca encuentra y es encontrado. No dejéis nunca que se os escape ese “podría ser” especial.
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3 thoughts on “De Badoo al cielo

  1. ¡Muy bonito, Tejetintas! A mí es que eso de las redes de ligoteo nunca me ha terminado de gustar, no las he probado, pero es cierto que siempre se puede encontrar a ese uno entre un centenar del que hablas. Me ha gustado mucho el post, como siempre, muchas gracias por hacerme sentir y pensar.

    ¡Un abrazo, que seas muy feliz! ❤

    1. ¡Hola, Miss Poesía! LA verdad es que tampoco son lo mío, pero si sirven para que aunque sea dos personas en todo el mundo se encuentren y se enamoren, valen la pena. 🙂 ¡Gracias a ti por leer! 🙂 Un abrazo.

  2. Hola Tejetinas. Viendo que compartimos la inquietud de seguir descubriendo, aprovecho la ocasión para informarte de que estoy contactando con aquellos seguidores con los cuales he tenido algún contacto especial, para seguir leyéndonos y compartir la nueva web de “Ander one dream” que estamos a punto de lanzar. Como es fuera de WordPress necesitaría tu email para avisarte del lanzamiento. Va haber un montón de sorpresas nuevas. Gracias de antemano y un fuerte abrazo:)) Espero que nos leamos pronto!!

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