Tempus fugit

Recuerdo que cuando era pequeña los fines de semana me parecían eternos. Maratones de dibujos en pijama. Planes con los abuelos y los primos. Patinar en el parque. Visita fugaz al pueblo. Plantar la manta en el césped del río con mis padres y mi hermana. Las horas se estiraban como un chicle por entonces.

Ahora, sin embargo, tengo la sensación de que el tiempo me huye. Nunca lo alcanzo lo suficiente y siempre me falta. Intento organizarme, pero en el plan siempre hay que dejar algo fuera que no cabe.

Justo hoy he leído una noticia sobre un estudio que explica por qué cuando somos pequeños tenemos la sensación de que el tiempo pasa más despacio, mientras que ya en la edad adulta percibimos que este transcurre mucho más deprisa.

La explicación, al parecer, está en el número de imágenes que nuestro cerebro es capaz de procesar a cada edad. Cuando somos pequeños, podemos procesar tantas imágenes que nos da la sensación de que el tiempo pasa muy lentamente, ya que nuestro cerebro está “entretenido” ocupándose de toda esa información.

Sin embargo, ya de más mayores, las conexiones cerebrales no son tan rápidas, lo que hace que procesemos menos imágenes, generándose la ilusión de que el tiempo pasa más rápido.

El tiempo, sin embargo, es siempre el mismo. Es siempre lo mismo: nada. Una convención social. Una manera de medir la experiencia. Una forma de ordenarnos. Una hora, un minuto, una semana. Todo es relativo.

Al final, da igual si parece que los días corren o se retrasan: lo que siempre recordaremos serán aquellos momentos en los que el tiempo desapareció por completo. En los que todos los relojes parecieron borrarse de la faz de la tierra. Esos son los momentos que importan.

Quizás el tiempo pase para todos, también para las neuronas, y sea por su culpa que el tiempo se nos escapa entre los dedos. O a lo mejor es cuestión de ir revisando las prioridades y trabajar en que en los días quepa siempre lo importante, no lo urgente. Como cuando éramos niños y lo importante era hacer un bizcocho tomando las medidas con vasos de yogur o encontrarle las formas más extrañas un desfile de nubes en el cielo.


2 respuestas a “Tempus fugit

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